Trámites con límite de peso
Esa sede electrónica que no acepta más de 5 MB y tu escaneo del expediente pesa 20. El caso para el que está hecha esta herramienta.
Baja el peso de un documento escaneado para que quepa en un correo o en un trámite. Antes de nada te digo si tu PDF es buen candidato, porque no todos lo son. Se comprime en tu propio dispositivo.
Equilibrado vale para casi todo. Pantalla, cuando lo único que importa es que quepa. Buena, si se va a imprimir o tiene letra pequeña.
🔒 100 % privado — tu documento se comprime en tu dispositivo y no se sube a ningún servidor.
Hasta 300 páginas y 100 MB por archivo. Funciona con escaneados; con documentos de texto no, y te lo aviso al abrirlo. Las páginas pasan a ser imágenes, así que el texto deja de poder seleccionarse. Si el resultado pesara más que el original, no te lo descargo. Un PDF con contraseña no se puede abrir.
Lo abro, cuento cuánto texto real tiene y te digo enseguida si comprimirlo así te va a servir de algo o no.
Tres niveles, del que solo sirve para leer en pantalla al que aguanta una impresión. Equilibrado es el que usa casi todo el mundo.
Te digo cuánto ha bajado. Y si el resultado saliera más pesado que el original, no te lo doy: te explico por qué.
Un PDF de tres páginas puede ocupar 40 kilobytes o 40 megas. La diferencia no está en la cantidad de texto, sino en qué lleva dentro. Vale la pena saberlo, porque decide si comprimir tiene sentido.
Las imágenes son casi siempre el culpable. Una foto de móvil metida en un documento arrastra sus varios megas tal cual. Las tipografías incrustadas vienen después: para que el documento se vea igual en cualquier ordenador, el PDF guarda una copia de las letras que usa, y eso son entre cien y quinientos kilobytes por familia. El texto, en cambio, no pesa nada: son letras y coordenadas, apenas unos kilobytes por página.
Aquí está la clave de todo. Cuando escaneas un folio, el aparato no lee las letras: hace una fotografía de la hoja. A los 300 puntos por pulgada habituales, un A4 son unos 2480 × 3508 píxeles, o sea cerca de ocho millones y medio de píxeles por página. Ese mismo folio escrito en Word ocupa unos pocos kilobytes de letras.
De ahí la paradoja que desconcierta a tanta gente: el informe de veinte páginas que hiciste tú ocupa 300 KB, y el contrato de dos páginas que escaneaste ocupa 12 MB. No es que el escáner funcione mal: es que está guardando fotos, no texto.
En un escaneado hay muchísimo margen. Casi todos escanean a 300 puntos por pulgada, que es resolución de imprenta, cuando el documento va a acabar leído en una pantalla. Bajar a 150 recorta el peso a la cuarta parte y en pantalla no se aprecia. Añadiendo algo de compresión de imagen, un escaneado de 12 MB puede quedarse en menos de 2 sin que se lea peor.
Lo que no se puede es recuperar detalle que ya se ha tirado, ni comprimir un documento que ya estaba comprimido. Y sobre todo: no se puede comprimir un documento de texto de esta manera. Como aquí las páginas se redibujan como imágenes, un PDF de texto acaba pesando más —porque sus letras ocupan muchísimo menos que una foto de esas letras— y encima pierde el texto seleccionable. Por eso esta herramienta mira el documento antes y te avisa.
Aquí toca ser franca. Un programa de escritorio hace cosas que un navegador no puede: recomprimir las imágenes internas sin tocar el texto, quitar los trozos de tipografía que no se usan, limpiar metadatos y objetos huérfanos. Todo eso reduce sin romper nada.
Dentro de un navegador solo se puede redibujar cada página y guardarla como imagen. Es una técnica de martillo: brutal con escaneados y contraproducente con el resto. A cambio, tus documentos no salen de tu dispositivo, que en un contrato, una nómina o un informe médico no es poca cosa. Si tu PDF es de texto y pesa demasiado, casi siempre la mejor salida no es comprimirlo sino partirlo en trozos; y si lo que pesa son fotos que vas a montar tú, conviene aligerarlas antes de meterlas en el documento.
Esa sede electrónica que no acepta más de 5 MB y tu escaneo del expediente pesa 20. El caso para el que está hecha esta herramienta.
Las hojas escaneadas de un contrato o un justificante, que salen enormes del escáner. A 150 puntos se leen igual y pesan una cuarta parte.
Suelen llegar escaneados y muy pesados. Y como aquí no salen de tu ordenador, no acaban en el servidor de una web desconocida.
Carpetas con años de facturas escaneadas ocupando gigas. Comprimir las que solo necesitas conservar por si acaso libera bastante sitio.
Los servicios de mensajería suelen cortar en 100 MB, pero muchos comprimen o rechazan antes. Un archivo ligero llega y se abre sin dramas.
Las copisterías con formulario web casi siempre ponen un tope. Con «Buena · 200 ppp» baja el peso sin estropear la impresión.
Porque no contiene texto sino una fotografía de cada hoja. Un escáner a 300 puntos por pulgada genera unos ocho millones de píxeles por página, mientras que esa misma página escrita en Word ocupa unos pocos kilobytes de letras y coordenadas. De ahí que un escaneado pese cien veces más.
Casi siempre de las imágenes: fotos, logotipos y sobre todo páginas escaneadas. Después vienen las tipografías incrustadas, que ocupan entre cien y quinientos kilobytes cada familia. El texto en sí no pesa prácticamente nada.
Sin perder nada, no: para que un escaneado ocupe menos hay que bajar la resolución o la calidad de sus imágenes. Lo que sí se consigue es que la pérdida no se aprecie leyendo en pantalla, que es para lo que se usan casi siempre estos documentos.
Porque comprimir aquí consiste en redibujar cada página como una imagen. En un escaneado funciona muy bien; en un documento de texto el resultado pesa más que el original y encima pierdes el texto seleccionable. Prefiero mirarlo antes y decírtelo que estropearlo en silencio.
No. Al comprimir así, las páginas pasan a ser imágenes: no se puede seleccionar, copiar ni buscar dentro. Guarda siempre el PDF original y usa el comprimido solo para enviarlo.
No. El PDF se abre, se redibuja y se guarda dentro de tu navegador. Carga la página, desconecta el wifi y pruébalo: sigue funcionando, porque no hay nada que enviar a ninguna parte.
Equilibrado, a 150 puntos por pulgada, sirve para casi todo. Pantalla, a 100, cuando lo único que importa es que quepa en un correo. Buena, a 200, si el documento se va a imprimir o tiene letra pequeña.
Porque un navegador no puede reescribir la compresión interna de un PDF ni quitar los trozos de tipografía que sobran: solo puede redibujar las páginas. Los programas de escritorio llegan más lejos. Si necesitas exprimir hasta el último kilobyte, esta herramienta tiene un techo y prefiero decírtelo.
Están todas en herramientas de PDF y herramientas de imagen, y además está el generador de códigos QR para imprimir en 3D.