Un escaneo con páginas del revés
El alimentador ha girado la cara de atrás de algunas hojas. Eliges esas y las enderezas sin tocar el resto.
Gira las páginas que estén torcidas —todas o solo unas cuantas— y descárgalo girado de verdad, no solo en tu pantalla. El documento no sale de tu dispositivo.
El giro se aplica al documento entero.
Puedes pulsar varias veces: cada toque son 90 grados. Lo ves en las miniaturas al momento.
🔒 100 % privado — el documento se abre y se reescribe en tu dispositivo, sin subirlo a ningún servidor.
Admite un PDF de hasta 100 MB y 300 páginas. Con documentos largos las miniaturas tardan en salir —van apareciendo de una en una y en un móvil antiguo se nota—, pero puedes girar sin esperar a que estén todas. No abre documentos protegidos con contraseña: el formato lo impide sin la clave.
Se abre en tu navegador y ves todas las páginas en miniatura, tal y como están ahora mismo.
Todas de golpe, o solo las torcidas: cambia a «solo las que elija» y tócalas. Cada pulsación son 90 grados.
El giro queda escrito dentro del archivo, así que se abrirá derecho en el ordenador de quien lo reciba.
Es la confusión más repetida con los PDF. Abres el documento, está tumbado, le das al botón de girar del visor, lo enderezas y lo mandas. Y quien lo recibe te contesta que lo ve torcido.
Lo que ha pasado es que la mayoría de los visores tienen dos giros distintos con el mismo icono. Uno es «gíramelo para verlo», que dura lo que dura la ventana abierta y no toca el archivo. El otro es «guárdalo girado», que sí escribe el cambio dentro. El primero está a un clic; el segundo está escondido en un menú, o directamente no existe si tu visor no puede guardar. Aquí solo se hace el segundo: al descargar, el archivo lleva el giro puesto.
Dentro del documento, cada página tiene una anotación llamada rotation que solo admite cuatro valores: 0, 90, 180 o 270 grados. El contenido de la página no se mueve ni un píxel; lo que cambia es la instrucción de cómo hay que enseñarla.
Eso tiene una consecuencia buena y conviene saberla: girar no estropea nada. No se vuelve a comprimir ninguna imagen, el texto sigue siendo texto seleccionable y el archivo pesa prácticamente lo mismo. No es como convertir a imagen, que sí es un viaje sin retorno.
Porque no todos los programas tratan igual esa anotación. Los hay que la respetan a rajatabla, los hay que la combinan con la orientación que ellos deducen del tamaño de la hoja, y algunos escáneres y multifunción escriben el giro de una forma poco ortodoxa —por ejemplo, valores fuera de los cuatro permitidos, o el giro puesto en el sitio equivocado del archivo—. Cada visor decide entonces por su cuenta y ahí empiezan las diferencias entre tu ordenador, el móvil y el navegador.
Volver a guardar el documento aquí ayuda precisamente en eso: el archivo nuevo se escribe con la orientación limpia y normalizada, uno de los cuatro valores y en su sitio, así que todos los programas la interpretan igual.
Si escaneas veinte hojas y te salen algunas del revés, no es cosa tuya. Los alimentadores automáticos leen las hojas por las dos caras a la vez y la cara de atrás entra girada 180 grados; muchos escáneres lo corrigen solos, pero solo cuando detectan texto, así que una página con una foto grande, un sello o una firma a mano se les escapa. Otro clásico: escanear en apaisado un documento vertical, que sale tumbado entero.
Por eso aquí hay dos modos. Cuando el escáner ha girado todo por igual, con «todas» lo arreglas de una vez. Cuando son unas pocas descolocadas, con «solo las que elija» tocas justo esas mirando las miniaturas. Y si de paso quieres reordenarlas o tirar las que salieron en blanco, eso se hace en organizar páginas.
El alimentador ha girado la cara de atrás de algunas hojas. Eliges esas y las enderezas sin tocar el resto.
Se escaneó en apaisado y hay que leerlo con la cabeza torcida. Un giro a todas las páginas y resuelto.
Al revés: dejar apaisadas las páginas con una tabla grande para que se lean bien en pantalla y al imprimir.
Que la persona que lo revise no tenga que girarlo. Suena a detalle, pero es de las cosas que hacen que te lo acepten a la primera.
Cuando montas un PDF con fotos del móvil y alguna entró girada, aquí lo arreglas sin rehacerlo entero.
Porque girar en el visor casi siempre es solo mirar. Al cerrar el programa, el archivo sigue igual, y quien lo reciba lo verá torcido. Aquí el giro se escribe dentro del documento, así que viaja con él.
Sí. Cambia a «solo las que elija» y toca las miniaturas que quieras. Es lo normal en escaneos, donde suelen venir torcidas unas cuantas y el resto está bien.
No. Girar no toca el contenido de la página: solo cambia un dato que dice con qué orientación hay que enseñarla. El texto sigue siendo texto y las imágenes no se recomprimen.
Porque no todos los programas hacen el mismo caso a la orientación guardada, y algunos escáneres la anotan de una forma rara. Al volver a guardarlo aquí, la orientación queda escrita de forma limpia y todos la entienden igual.
No. El PDF se abre y se vuelve a escribir dentro de tu navegador. Puedes cargar la página, desconectar internet y comprobar que sigue funcionando.
No. Si el PDF está cifrado, el formato impide abrirlo sin la clave y la herramienta te lo dice en vez de fallar sin explicación. Quítale la contraseña desde el programa donde lo abras normalmente y vuelve.
Hasta 300 páginas y 100 MB. Con documentos largos las miniaturas tardan en aparecer, sobre todo en móviles antiguos: van saliendo de una en una y puedes girar sin esperar a que estén todas.
Vuelve a girar hasta dejarlo bien, o pulsa «quitar todos los giros» para empezar de cero. Mientras no descargues, no se ha tocado nada: el original se queda como está.
Están todas en herramientas de PDF y herramientas de imagen, y además está el generador de códigos QR para imprimir en 3D.