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Calculadoras

Once cuentas que todo el mundo acaba necesitando, resueltas con la explicación al lado: no solo el número, también cómo se ha llegado a él.

IVA y factura con retención → Añade o saca el IVA, y monta la factura de autónomo entera: base, IVA, retención de IRPF y lo que te ingresan. Descuentos y rebajas → Cuánto pagas con uno o dos descuentos, cuánto costaba antes y a qué descuento único equivale un 30 % más un 20 %. Precio de venta y margen → A qué precio vender para ganar lo que quieres, y cuánto ganas de verdad con el precio que ya tienes puesto. Media y media ponderada → La media de una lista de números con su mediana, y la media ponderada por créditos o porcentajes. Horas y minutos → Sumar y restar horas sin pelearte con el 60, jornadas con descanso y el paso a horas decimales. Subidas e incrementos → Cuánto pasarás a pagar tras una subida, qué subida te han hecho y a dónde llega un recibo que sube todos los años. Rentabilidad y punto de equilibrio → Si una inversión sale a cuenta, cuánto deja cada venta para los gastos fijos y cuántas unidades hay que vender para no perder. Conversor de unidades → Distancia, superficie, volumen, peso y temperatura, con todas las unidades de la familia a la vez. Porcentajes → Cuánto es un tanto por ciento, qué porcentaje es una cosa de otra, subir o bajar un precio, y cuánto ha variado algo. Regla de tres → Directa e inversa, con la frase entera escrita y la explicación de cómo distinguir una de otra. Fechas y días hábiles → Días entre dos fechas, en años, meses y días. Sumar o restar plazos. Y contar solo días laborables. Cubicaje y contenedores → Metros cúbicos, peso volumétrico, llenado de contenedor y peso-medida de un grupaje.

¿Cuál de las once necesitas?

Si estás haciendo una factura —o mirando una que te han hecho— lo tuyo es la calculadora de IVA y retención. Hace las dos direcciones del IVA y, sobre todo, monta la factura de autónomo completa: base imponible, IVA, retención de IRPF y el importe que acabas cobrando. Es la que más errores evita, porque la retención se calcula sobre la base y mucha gente la aplica sobre el total.

Si lo tuyo es un descuento, una subida o un reparto, la de porcentajes. Cubre las cuatro preguntas que se hacen de verdad, incluida la que más se falla: cuánto ha subido o bajado algo entre dos valores.

Si tienes tres cantidades y te falta la cuarta —una receta para más gente, pintura para más metros, tiempo con más personas— es una regla de tres. Ahí lo difícil no es la cuenta, es saber si es directa o inversa, y eso está explicado con ejemplos.

Si hay un plazo de por medio, la de fechas: cuántos días faltan, qué día cae si sumas treinta, y cuántos de esos días son laborables.

Si vendes algo, hay dos que te tocan de cerca: precio de venta y margen, para poner el precio y saber qué te queda, y descuentos, para ver qué pasa con ese margen cuando rebajas. Y si lo que haces es comprar, la de descuentos te dice si el cartel dice la verdad.

Si lo tuyo son notas o promedios, la de medias: la normal con su mediana al lado, y la ponderada para cuando cada asignatura tiene sus créditos.

Si trabajas por horas, la de horas y minutos: suma turnos, calcula jornadas con descanso —incluidos los que cruzan la medianoche— y pasa a horas decimales, que es como se factura y como se paga.

Si lo que sube es un recibo —el alquiler, una cuota, un precio de proveedor— la tuya es subidas e incrementos, que además enseña a dónde llega eso en unos años, porque las subidas se acumulan.

Si tienes un negocio pequeño, la pregunta de verdad no es cuánto ganas por unidad sino cuánto tienes que vender para no perder: eso es rentabilidad y punto de equilibrio, que también calcula el retorno de una inversión.

Y si lo que tienes delante son unidades raras —pulgadas, libras, galones, grados Fahrenheit— el conversor de unidades las pasa todas de golpe, sin elegir destino.

Por qué llevan explicación

Porque un número suelto no sirve de nada si no sabes de dónde sale. Si tu gestoría te dice que la factura está mal, necesitas poder mirar el desglose y ver en qué línea está el problema. Si discutes un descuento en una tienda, necesitas la cuenta, no la cifra. Por eso cada calculadora escribe la operación entera debajo del resultado.

Y por lo mismo dicen con claridad lo que no pueden saber: qué tipo de IVA te corresponde a ti, qué festivos tiene tu municipio o si tu problema admite de verdad una regla de tres. Decirlo es más útil que dar un número con aplomo y que resulte estar mal.

No se envía nada

Las cuentas las hace tu propio navegador. Los importes de tus facturas, tus fechas y tus cantidades no salen de tu dispositivo, no se guardan y no quedan registradas en ningún sitio. Puedes abrir cualquiera de las cuatro, desconectar la conexión y seguir usándola igual.

Si lo que estás peleando no es una cuenta sino un archivo, lo tuyo está en herramientas de imagen o en herramientas de PDF, que funcionan con el mismo criterio: todo dentro de tu navegador.