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Calculadoras
Once cuentas que todo el mundo acaba necesitando, resueltas con la explicación al lado: no solo el número, también cómo se ha llegado a él.
¿Cuál de las once necesitas?
Si estás haciendo una factura —o mirando una que te han hecho— lo tuyo es la calculadora de IVA y retención. Hace las dos direcciones del IVA y, sobre todo, monta la factura de autónomo completa: base imponible, IVA, retención de IRPF y el importe que acabas cobrando. Es la que más errores evita, porque la retención se calcula sobre la base y mucha gente la aplica sobre el total.
Si lo tuyo es un descuento, una subida o un reparto, la de porcentajes. Cubre las cuatro preguntas que se hacen de verdad, incluida la que más se falla: cuánto ha subido o bajado algo entre dos valores.
Si tienes tres cantidades y te falta la cuarta —una receta para más gente, pintura para más metros, tiempo con más personas— es una regla de tres. Ahí lo difícil no es la cuenta, es saber si es directa o inversa, y eso está explicado con ejemplos.
Si hay un plazo de por medio, la de fechas: cuántos días faltan, qué día cae si sumas treinta, y cuántos de esos días son laborables.
Si vendes algo, hay dos que te tocan de cerca: precio de venta y margen, para poner el precio y saber qué te queda, y descuentos, para ver qué pasa con ese margen cuando rebajas. Y si lo que haces es comprar, la de descuentos te dice si el cartel dice la verdad.
Si lo tuyo son notas o promedios, la de medias: la normal con su mediana al lado, y la ponderada para cuando cada asignatura tiene sus créditos.
Si trabajas por horas, la de horas y minutos: suma turnos, calcula jornadas con descanso —incluidos los que cruzan la medianoche— y pasa a horas decimales, que es como se factura y como se paga.
Si lo que sube es un recibo —el alquiler, una cuota, un precio de proveedor— la tuya es subidas e incrementos, que además enseña a dónde llega eso en unos años, porque las subidas se acumulan.
Si tienes un negocio pequeño, la pregunta de verdad no es cuánto ganas por unidad sino cuánto tienes que vender para no perder: eso es rentabilidad y punto de equilibrio, que también calcula el retorno de una inversión.
Y si lo que tienes delante son unidades raras —pulgadas, libras, galones, grados Fahrenheit— el conversor de unidades las pasa todas de golpe, sin elegir destino.
Por qué llevan explicación
Porque un número suelto no sirve de nada si no sabes de dónde sale. Si tu gestoría te dice que la factura está mal, necesitas poder mirar el desglose y ver en qué línea está el problema. Si discutes un descuento en una tienda, necesitas la cuenta, no la cifra. Por eso cada calculadora escribe la operación entera debajo del resultado.
Y por lo mismo dicen con claridad lo que no pueden saber: qué tipo de IVA te corresponde a ti, qué festivos tiene tu municipio o si tu problema admite de verdad una regla de tres. Decirlo es más útil que dar un número con aplomo y que resulte estar mal.
No se envía nada
Las cuentas las hace tu propio navegador. Los importes de tus facturas, tus fechas y tus cantidades no salen de tu dispositivo, no se guardan y no quedan registradas en ningún sitio. Puedes abrir cualquiera de las cuatro, desconectar la conexión y seguir usándola igual.
Si lo que estás peleando no es una cuenta sino un archivo, lo tuyo está en herramientas de imagen o en herramientas de PDF, que funcionan con el mismo criterio: todo dentro de tu navegador.