Llevar fotos a revelar
Las tiendas de revelado y las máquinas de los centros comerciales casi nunca leen HEIC. Pasa la selección a JPG, cópiala a un pendrive y te ahorras el viaje en balde.
Arrastra tus archivos HEIC o HEIF —los haya guardado un iPhone, un Samsung o cualquier otro aparato— y te los devuelvo en JPG, listos para abrirlos en cualquier sitio. Se convierten en tu propio dispositivo: no se suben a ningún servidor.
Para fotos, JPG. El PNG solo compensa si la imagen tiene texto o colores planos.
90 % es el equilibrio habitual: no se aprecia diferencia y el archivo no se dispara.
🔒 100 % privado — tus fotos se convierten en tu dispositivo y no se suben a ningún servidor.
Acepta archivos .heic y .heif de hasta 40 MB cada uno. La primera conversión tarda un poco más porque hay que descargar el motor (3 MB); después va seguido. Descodificar HEIC consume bastante memoria: en móviles antiguos ve de veinte en veinte. Es normal que el JPG pese más que el HEIC original — el HEIC comprime cerca del doble de bien; si necesitas que ocupe poco, pásalo luego por el compresor.
Arrástralas desde la carpeta, o pulsa el recuadro y elígelas. Puedes soltar muchas a la vez; se van convirtiendo una detrás de otra.
JPG a 90 % sirve para casi todo. Si cambias algo después, las fotos se vuelven a convertir solas con los ajustes nuevos.
Una a una con su botón, o todas juntas en un ZIP. Al cerrar la pestaña no queda nada: no hay copias en ninguna parte.
El HEIC no es una cosa de una marca concreta: es un formato de imagen, igual que lo son el JPG o el PNG. Guarda la foto usando el mismo sistema de compresión que el vídeo HEVC y consigue la mitad de tamaño con la misma calidad. En un teléfono con miles de fotos, eso son gigabytes de diferencia. Además admite cosas que el JPG no puede: transparencia, imágenes en secuencia, profundidad de 10 bits y rango dinámico extendido.
La mayoría de los HEIC que circulan salen de un iPhone: Apple lo puso por defecto en su cámara en 2017 y desde entonces lo guarda todo así salvo que cambies un ajuste. Pero no es exclusivo suyo: los Samsung Galaxy lo ofrecen desde hace años en los ajustes de la cámara como «imágenes de alta eficiencia», Android lo admite desde su versión 9, y hay cámaras y programas de edición que exportan en HEIF.
HEIF y HEIC son casi lo mismo: HEIF es el envoltorio y HEIC es como se llama cuando dentro va compresión HEVC. Aquí da igual cuál tengas: la herramienta lee el archivo, no le pregunta de dónde viene.
El problema aparece cuando sacas esas fotos del móvil. Windows no abre HEIC de serie porque el descodificador está sujeto a patentes y Microsoft no lo incluye en el sistema: hay que instalar unas extensiones aparte desde su tienda. Y aunque las instales, sigues topándote con lo mismo en programas de edición, gestores de páginas web, formularios de la Administración y herramientas de impresión. Por eso, en la práctica, el JPG sigue siendo el formato que entiende todo el mundo.
HEIC y JPG son los dos formatos con pérdida: tiran información para ocupar menos. Al convertir, la imagen se descomprime y se vuelve a comprimir, así que hay una segunda pérdida. La buena noticia es que a calidad 90 esa pérdida es prácticamente invisible salvo que amplíes mucho una zona de degradado suave, como un cielo.
Lo que sí desaparece siempre es lo que el JPG no sabe guardar: la profundidad de 10 bits y el rango dinámico extendido. Si la foto tenía un cielo con transiciones muy finas, al pasar a los 8 bits del JPG pueden aparecer bandas. En una foto normal, con luz normal, no lo vas a notar. Y si la imagen tenía transparencia, el JPG no la admite: se rellena de blanco. Para esos casos está la opción de PNG.
Este es el punto que más te conviene saber. Tus fotos llevan dentro un bloque de datos llamado EXIF: la fecha y la hora exactas, el modelo de teléfono, la apertura, la velocidad de obturación y, muy a menudo, las coordenadas GPS del sitio donde la hiciste.
Al convertir aquí, la imagen se vuelve a dibujar desde cero y el JPG resultante sale limpio: sin fecha, sin cámara y sin coordenadas. Para compartir una foto por internet o subirla a un anuncio de segunda mano, eso es una ventaja de privacidad enorme: estás publicando la imagen sin decirle a nadie dónde vives. Pero tiene cara B: si organizas tu archivo por fechas o quieres saber dónde tomaste una foto de un viaje, esa información se pierde. La solución: guarda los HEIC originales y usa los JPG solo para compartir e imprimir.
Las tiendas de revelado y las máquinas de los centros comerciales casi nunca leen HEIC. Pasa la selección a JPG, cópiala a un pendrive y te ahorras el viaje en balde.
Las webs de la Administración, los seguros y los bancos suelen aceptar solo JPG o PDF. Convierte el DNI, la factura o el parte antes de pelearte con el formulario.
Además de que las plataformas quieren JPG, aquí las fotos salen sin coordenadas GPS. Publicas el sofá sin publicar de paso tu dirección.
Ese ordenador de casa o del trabajo donde las fotos aparecen como iconos en blanco. En vez de instalar extensiones en cada equipo, conviértelas una vez y olvídate.
Para que quien las reciba pueda abrirlas sin preguntarte «¿esto qué es?». Si además pesan mucho, pásalas luego por el compresor.
Ningún gestor de contenidos habitual acepta HEIC. Convierte a JPG y, si van a una página, redimensiona antes: no hace falta subir 4000 píxeles de ancho.
Porque es un formato relativamente nuevo y su descodificador está patentado. Windows no lo trae de serie: hay que instalar unas extensiones desde la Microsoft Store. Y aun así, muchos programas de edición, gestores de webs y formularios oficiales siguen sin aceptarlo.
No. Es el caso más frecuente porque Apple lo puso por defecto en 2017, pero no es suyo en exclusiva: los Samsung Galaxy lo ofrecen en los ajustes de la cámara como «imágenes de alta eficiencia», Android lo admite desde la versión 9 y algunas cámaras y programas de edición exportan en HEIF. Esta herramienta acepta cualquier archivo .heic o .heif, lo haya creado el aparato que sea.
Algo sí, porque los dos comprimen con pérdida y hay que volver a comprimir. A calidad 90 la diferencia es prácticamente invisible salvo que amplíes mucho un degradado. Lo que sí se pierde siempre son los 10 bits de profundidad y el rango dinámico extendido que el JPG no sabe guardar.
No. El JPG que sale de aquí va limpio de datos EXIF: sin fecha, sin modelo de cámara y sin coordenadas GPS. Para compartir es una ventaja, pero si organizas tu archivo por fechas conviene que guardes también los HEIC originales.
No. Todo ocurre dentro de tu navegador. Puedes comprobarlo: carga la página, desconecta el wifi y convierte igualmente. Si funciona sin internet, es que no está mandando nada a ninguna parte.
Las que quieras. Se procesan una detrás de otra para no agotar la memoria. En un ordenador normal cada foto tarda entre uno y tres segundos; en un móvil antiguo puede tardar más, y con tandas grandes es mejor ir por grupos de veinte o treinta.
En un iPhone: Ajustes › Cámara › Formatos, y elige Más compatible en lugar de Alta eficiencia.
En un Samsung Galaxy: abre la Cámara, entra en sus ajustes y desactiva Imágenes de alta eficiencia (en algunos modelos aparece dentro de «Opciones avanzadas de imagen»). En otros Android el nombre cambia, pero suele estar en los ajustes de la cámara.
En los dos casos el cambio afecta solo a las fotos nuevas: las que ya tienes seguirán en HEIC, así que para esas te seguirá haciendo falta convertirlas.
Para fotografías, JPG sin dudarlo. El PNG no vuelve a comprimir con pérdida, pero en una foto genera archivos varias veces más grandes sin ninguna mejora que se aprecie. El PNG compensa en capturas de pantalla, dibujos y cosas con texto o colores planos.
Están todas en herramientas de imagen y herramientas de PDF, y además está el generador de códigos QR para imprimir en 3D.